
En la actualidad no sólo es necesario conocer el lenguaje verbal para comunicarse, sino que son igualmente necesarios los lenguajes de la imagen y la informática. En primer lugar contemplamos la televisión como un medio de comunicación de masas que ejerce una gran influencia en la sociedad. Independientemente de los objetivos que se plantea la programación, desde un punto de vista global podemos afirmar que la televisión educa, forma, influye en la cultura social de las audiencias, en las actitudes, en los valores, en los comportamientos, en el pensamiento, en la ideología.
Y no estamos hablando sólo de programas informativos, debates o entrevistas, centrados en la temática de la diversidad o las necesidades especiales, sino cualquier programa, incluso anuncios de pocos segundos. Su impacto puede ser más efectivo que muchas horas de oratoria poco convincente. Así se afirma que toda la televisión es por tanto educativa: debates, películas, series, informativos, campañas publicitarias.
La televisión, desde su posición privilegiada como canal de comunicación que llega a millones de personas, puede cumplir y de hecho en ocasiones cumple un importante papel para cambiar estereotipos, evitar prejuicios falsos y colaborar a la plena integración de las minorías sociales.
Así es, la televisión como medio de comunicación de masas provoca un innegable efecto en las audiencias, efecto que no siempre es “educativo” y efecto además que puede ser contrario al buscado. La televisión educativa, sin embargo, diseña los programas con una intencionalidad educativa clara y expresa; los planteamientos técnicos aparecerán siempre supeditados a los didácticos; los contenidos y su secuenciación flexible se definirán en función de los objetivos educativos; la audiencia aparece más claramente delimitada; se utilizarán medios y materiales complementarios; por último señalar que todos los elementos del medio (códigos- icónicos, sonoros, lingüísticos, pralinguisticos) se pondrán al servicio de de la educación/enseñanza/formación. La rentabilidad, pues, ha de medirse con parámetros diferentes a los que se utilicen para la televisión comercial. Y los criterios de calidad han de primar sobre los criterios de audiencias. Desde esta perspectiva más restringida podemos considerar pues que determinados programas han sido concebidos, planteados y diseñados en función de una intencionalidad expresa de educar y sólo esos programas se pueden calificar como televisión educativa.
Tales programas se enmarcarían en ese concepto de televisión educativa, sin por ello negar la influencia que ejerce la televisión como medio de comunicación de masas. Hablar de educar a través de la televisión, esto es, transmitir contenidos de carácter formativo y educativo a través de la televisión, nos conduce a cambiar profundamente tanto la educación como la televisión. Por una parte, del medio orientado al entretenimiento pasamos a pensar en una herramienta de aprendizaje, es decir, lo que es en términos generales una herramienta o instrumento de la sociedad de consumo y de mercado puede convertirse en un servicio público de interés general y además en un medio para salvar las diferencias, para humanizar nuestra onvivencia. Es por tanto necesario conseguir que la televisión, con su enorme poder eduque.
Finalmente quedan abiertas muchas cuestiones en torno a la televisión y la atención a la diversidad. Cómo se contemplan las diferencias en el medio televisión, cómo éste actúa en relación a ellas. Nuestro análisis de la realidad actual nos ofrece como conclusión general un pobre uso de la televisión para atender a la educación, conclusión que ha de ponerse en relación con los comportamientos de los estamentos de po-der de cada sociedad.
Teniendo además en cuenta el enorme poder de influencia que ejerce la televisión, el arraigo social que tiene y la cantidad de horas que pasamos delante de ella, su uso debiera ser con una finalidad más utilitaria desde un punto de vista educativo y menos comercial, especialmente si hacemos referencia a la televisión pública.
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